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lunes, 2 de febrero de 2015

Autumn leaves, otro video desconocido de Sinatra

Frank Sinatra "cazado" saliendo al escenario, década de los sesenta
Las hojas muertas (Les feuilles mortes) es una de las composiciones musicales más bellas del siglo XX, sin hacer distinciones entre géneros o estilos musicales a los que fue adaptada, aunque bien es cierto que el jazz le sentó como anillo al dedo. Canción francesa compuesta en 1945 por el franco-húngaro Joseph Kosma, con letra de Jacques Prévert. El cantante franco-italiano Yves Montand (nació en la Toscana italiana bajo el nombre de Ivo Livi, pero su familia emigró a Marsella cuando él era solo un niño) la estrenó en la película Les portes de la nuit (Marcel Carné 1946) y su versión quedó para la historia de la música. 




El reputado compositor norteamericano Johnny Mercer fue el encargado de traducir el éxito francés a la lengua inglesa y creó el texto de la canción que tomaría el título de Autumn leaves, en un genial giro que significa, o bien El otoño se marcha o Las hojas de otoño. Desde luego, Las hojas muertas, en Francés, ya era un título contundente. Pero Autumn leaves capta perfectamente el sentido de la canción, lo que en este blog llamamos, su ambiente. Es otoño, final de otoño. Sentimiento de finitud, vanitas, todo acaba. Y el/la cantante, que va desgranando una letra poética y desgarradora, recuerda en esas hojas de otoño, los recuerdos que mueren y se van como ellas, los amantes pasajeros, el amor caduco. La primera cantante que la interpretó en Inglés fue Jo Stafford y muy temprano le siguió Bing Crosby con una gran versión. No pasaría mucho tiempo hasta que la interpretara Nat King Cole que, curiosamente, se atrevió a cantarla también en Japonés. Aquí. Tendremos que esperar al diez de abril de 1957 para que Frank Sinatra pusiera en el listón más alto el ya clásico de Kosma y Prévert. En este blog, vimos una versión algo desenfadada y cómica en la que Sinatra cantaba mientras Bob Hope simulaba tocar el piano y grandes hojas secas llovían desde el techo, cubriéndolos por completo y arrancando las risas del público. Aquí la podemos ver. Pero, verdaderamente, la Autumn leaves de Frank Sinatra no tiene nada de chiste. Es la versión más desgarradora y honda que existe de este tema, en Inglés. Sin lugar a dudas. Está grabada para el disco otoñal Where are you? y arreglada musicalmente con maestría por el músico Gordon Jenkins, experto en crear este tipo de atmósferas. Esta versión de Sinatra aporta el viento, siempre persistente, como un fondo bajo la voz. Escuchemos la canción aquí. Veamos. Todo comienza con las tubas y los fagots creando una atmósfera apagada, embotada, como de un cielo de atardecer rojizo, tras un día ventoso, como un manto de hojas secas cubriendo la senda del parque o del bosque. Estos vientos del comienzo nos preparan para el estallido de la cuerda en un sublime principio con harpa, ayudada también por suaves trombones, clarinete, oboe y de nuevo los fagot, que Gordon Jenkins utiliza para recibir la llegada de la voz de Sinatra diciendo "Las hojas cayendo..." Ya estamos en otoño. Es imposible otra estación. Ahora Jenkins crea un fondo que simula el viento persistente para la voz de Sinatra. Son clarinetes, haciendo las veces de una racha modearada pero insistente, imprescindible para mecer las hojas muertas de los árboles. "I see your lips...the summer kisses..." ("Veo tus labios...los besos de verano..."), vuelve a cobrar importancia la cuerda que decisivamente desarrolla un acompañamiento genial. "Since you went away..." ("Desde que te has marchado...") Comienza la parte central y traumática de la canción. Ahora se turnan la cuerda y el viento para crear una atmósfera confusa. Y poco a poco los instrumentos van decayendo para dirigirnos al final, donde prácticamente la voz de Sinatra, sola, sentencia "When autumn leaves start to fall" ("Cuando las hojas de otoño comienzan a caer") y terminan los violínes en lo que parece, casi, un llanto. Esta canción cantada por Sinatra la mejor definición del otoño que podemos encontrar.Y una predecesora de lo que posteriormente será el LP September of my years.
Y cómo no, la red de redes me sigue sorprendiendo gratamente cuando de Sinatra se trata. De nuevo acabo de encontrae un video que es muy poco visto, muy poco conocido y que demuestra que la atmósfera que Frank consigue con Autumn leaves, no solo obedece al buen hacer de los músicos y de los arreglos de Gordon Jenkins. Aquí lo veremos acompañado por tres músicos (Harry Klee a la flauta travesera, Bill Miller al piano, suavemente y Al Viola a la guitarra), en 1962, cantando el mismo tema y consiguiendo una atmósfera única.  Es un video muy valioso, con buena calidad de audio pero no de video. Aún así, son poco más de dos minutos para disfrutar.


Traducción de la letra inglesa:

Las hojas que caen
a la deriva por la ventana
Las hojas de otoño
de rojo y dorado.

Veo tus labios
Los besos del verano
Las manos tostadas por el sol
que yo tomaba

Desde que te fuiste
los días han crecido alargándose
y pronto escucharé
la vieja canción de invierno

Pero te echo de menos, más que a nada
cariño
cuando las hojas de otoño
comienzan a caer.

lunes, 5 de enero de 2015

Frank Sinatra Jazzístico: London excellence

Como dijimos en la entrada anterior, para esta ocasión veremos otras dos nuevas filmaciones que hasta ahora eran inéditas y que demuestran la excelencia del concierto que Frank Sinatra ofreció en el Royal Albert Hall de Londres en 1962. Se trata del tema swing compuesto por Johnny Mercer en 1937 titulado Too marvelous for words y en segundo lugar, el blues hecho relajación con la saloon song por excelencia en el repertorio de Sinatra, el tema compuesto por Harold Arlen y Johnny Mercer de nuevo, esta vez en 1943, titulado One for my baby (and one more for the road) 
Durante 1962 Frank Sinatra estuvo acompañado en sus conciertos por un sexteto que otorgaba un caracter más jazzístico a las interpretciones. En los videos que veremos a continuación, en el escenario acompañan al cantante Bill Miller al piano, Al Viola a la guitarra, Ralph Peña al contrabajo, Irv Cottler a la batería, Emil Richards al vibráfono y Harry Klee al saxo alto o a la flauta indistintamente. Además, aunque nadie lo sabía, se trataba de parte de una gira benéfica que emprendió Sinatra. Según el músico Buddy Rich: "Sinatra tomó a seis de los mejores músicos de Los Ángeles, fletó un avión, viajó a Japón, a Londres, a Italia, pagó de su bolsillo el transporte de los músicos, los técnicos y los animadores, la comida y el salario habitual de todos ellos y el beneficio íntegro de toda la gira fue destinado a orfanatos norteamericanos. Sinatra nunca dijo nada de ello a la prensa ni al resto de los medios de comunicación. Muchas personas desconocen este rasgo caritativo del cantante y solo es comprensible si se conoce su buen corazón. Estaba hecho de una pasta diferente".

El acompañamiento en One for my baby es únicamente el del pianista Bill Miller quien también acompañara a Sinatra en las célebres grabaciones de estudio que se hizo de este tema, el 24 y 26 de junio de 1958 y en directo, en París en 1962 y en Las Vegas en 1966 La actuación en este caso (entendiendo actuación como una interpretación dramática, actoral, en la que Frank asume el papel de un abandonado, perdedor, algo pasado de tragos) es de una excelencia exquisita. Y es notable la variación en el final de la canción, en el verso "But this torch that I found it better be drawned" con la palabra better y justo en las últimas palabras, cuando ya se aleja del micrófono y recuerda que el camino es largo, cantando "Mighty long" Disfrutemos de este momento:
Frank Sinatra, a la salida del concierto del Royal Albert Hall en 1962, atiende a los admiradores

sábado, 14 de diciembre de 2013

Alegoría en el PJ Clarke's (El bar neoyorquino favorito de Frank Sinatra)

Así sería el PJ Clarke's si lo hubiera pintado Edward Hopper.


En una sucesión de blancos, negros y una inmensa gama de grises, camina pálida, como con una ausencia de mar cosida a su estampa, llegando de algún río, ciudad adentro. Podría ser una persona que arrastra un vacío irreparable, pero este atardecer de contrachapado, es la luna, la que ya asoma su cabeza entre la 55 y la 56, en ese espacio con tintes de irrealidad que en Nueva York separa el East river del Hudson, esa lagartija de asfalto entre ríos, esa utopía humana que se levanta como un mito y que en esta ciudad, irremediablemente, se mimetiza con el cine, inseparablemente, se celuloidifica. Y bajo esa luna de asfalto que, aunque parezca distinta es la misma que ilumina Wisconsin, un hombre está detenido en la esquina del Pj Clarke’s, en la 55 con la Tercera Avenida. A su izquierda y en la lejanía, la proa del Flatiron queda desdibujada bajo el ala de su sombrero, igual que un barco hacia un sueño inatrapable. A la derecha se alarga el asfalto, como si no tuviera límite y al frente, todo acaba en el río y Central Park solo se expande como una parada idílica, previa al final del recorrido. Para ralentizar este anochecer la mejor opción será entrar y tomar un trago, piensa el hombre. La fachada del Clarke’s sigue teniendo su característico ladrillo rojo y con esa entrada estilo inglés, que le da un aire europeo y elegante, parece sostener, él solito, el inmenso rascacielos encastrado, que le añadieron a finales de los años sesenta, como un insulto. Ni siquiera la especulación inmobiliaria consiguió cerrar sus puertas.  Pj resiste, incluso al avance de los tiempos.
Se abre la puerta. Nuestro hombre reconoce cada una de las mesas, la madera gastada de la barra y el sonido del piano que tantas veces acompañó sus noches de juerga en aquel local. Tras la barra está uno de los últimos camareros que conoció, el amigo Joe, todavía más enjuto que en su juventud, con el pelo blanco y un rostro con los huesos tan marcados que una sonrisa en él parece algo imposible. Alegre  por encontrar a un conocido, el hombre toma asiento en la barra del bar.  ¿Qué tal, Joe?

-          ¡Cuánto tiempo, señor! He tardado un instante en reconocerle pero, vaya, ¡qué acontecimiento! -Joe, todavía sorprendido por la inesperada visita, estrecha la mano del viejo cliente. Tras el saludo, continúa secando los vasos-
-          Sí, amigo, ha llovido mucho. Pero en el Pj Clarke’s nada ha cambiado.
-          Bueno, nos han quitado un par de pisos los de la constructora del edificio, ¿recuerda?
-          Sí, pero de esto hace ya muchos años. Lo que quiero decir es que el Pj es parte de la historia viva de la ciudad. Y como tal, hay que respetarlo.
-          ¿Respeto? En estos tiempos…
El hombre interrumpe a Joe y haciendo memoria, recuerda la historia del emblemático local.
-          Allá por 1868 abrió por primera vez sus puertas, como cantina para los trabajadores de las factorías y los mataderos del barrio. En 1912 el local pasó a manos de un irlandés llamado Patrick Joseph Clark y este, además de bautizarlo, lo convirtió en un local clandestino durante la Prohibición. En 1948 pasó a manos de mis paisanos, los Lavezzo y decidieron mantener el local igual que lo tenía Clarke. En esa época fue cuando yo empecé a venir.  -Mientras hablaba, los ojos de aquel hombre no miraban a Joe. Se perdían en el vidrio de las botellas. Tomó un respiro en sus recuerdos. Se despojó del sombrero, desabrochó su gabardina y suspiró-  Bueno, perdona, no quiero aburrirte con historias que , probablemente, tú conoces mejor que yo. Así que, ponme un trago, Joe.
-          ¿Lo de siempre?
-          Alexander’s
A Joe siempre le había sorprendido que la bebida preferida para aquel hombre fuera el Alexander’s, pues tenía fama de empedernido bebedor de Jack Daniel’s por otros garitos. Pero en el Pj Clarke’s siempre pedía este cóctel. Joe echó en el mezclador la ginebra y el licor de cacao, incoloro por supuesto. Le dio unas sacudidas. Una vez servido en al copa, añadió la nata. Era el cóctel estrella del local y él lo sabía. Por eso lo preparaba siempre cuidadosamente, con gran esmero.
-          Su trago, Mr…
-          ¡Sssshhhh, cállate, coño! ¿No ves que vengo de incógnito? –interrumpió el hombre-
-          Lo siento…
La disculpa del camarero no fue escuchada. Coincidió con el primer trago de Alexander’s que aquel hombre ingería.

-          Tan estupendo como siempre, Joe
-          ¡Gracias! Ya sabe, el cóctel estrella.
-          Cuántos buenos ratos hemos pasado aquí. Imagino que sigue siendo el mejor local de hamburguesas de todo Nueva York.
-          …y los aros de cebolla , señor…
-          Bueno, eso es más novedoso. Lo que a mí me gustaba de verdad era pedir la hamburguesa gigante y la guarnición de patatas. Quiero decir, las veces que venía a cenar, que eran las menos. Porque normalmente y tú lo sabes bien, veníamos a beber. Yo fui el dueño de la mesa 20 Era mi local favorito. ¿Y los baños? ¡Era imposible no acertar en los urinarios! Apuesto a que eran los más grandes del mundo. A este local venía con Liza y con Richard Harris… Joder, el tío, ¡se cascaba seis vodkas dobles sin pestañear! Otras veces vine con Nat, otras con Lamotta. ¡Venía gente importante por aquí!
-          Últimamente, esa costumbre no ha cambiado, señor. Actualmente suelen venir Johnny Deep, Keith Richards…
-          Pero ¿de qué demonios estás hablando? Yo me refiero a la Historia de esta ciudad, con mayúsculas, chico, con mayúsculas. A ver, en una de estas mesas…probablemente aquella de ahí (dijo, mientras escrutaba el local con su mirada) Johnny Mercer, hijo, ¡el gran Johnny Mercer!, compuso las primeras notas y los primeros versos de una canción que además lleva tu nombre…
-          ¿One for my baby?
-          …and one more for the road…¡exacto! Eso sí que es historia. Estamos hablando de que el escritor Charles Jackson se basó en el Pj Clarke’s para su novela The lost weekend, que Billy Wilder llevó al cine, posteriormente. Que Buddy Holy tuvo aquí su primera cita, con su primera novia. Que los Kennedy…¿sabes?, aquellos irlandeses que manejaron el país... pues bien, los Kennedy traían aquí a sus chavales a comer hamburguesas. Bueno y yo les acompañé en cierta ocasión.
-          Yo no comprendo para qué te metiste en política.
-          Ni yo, hijo, ni yo… Creo que no tenía bastante. A mí no me bastaba con el éxito, con el reconocimiento de mi música. Quería algo más. Y a veces, la ambición nos lleva a cometer ciertos errores.
-          ¿Quién mató a Kennedy?
-          ¡Yo qué sé, cojones! ¿Por qué me lo tienes que preguntar? No vuelvas a hacerme esa pregunta o verás el Alexander’s por encima de tu cabeza. A ver, piensa un poco. ¿De dónde vengo?
-          Ya veo…
-          Bueno, ¿y  qué acontecimiento ha ocurrido por aquí en los últimos años, digno de mención, Joe?
-          Bueno, desde 1988 servimos la Brooklyn Lager, aquella cerveza que aprendió a fabricar un periodista durante su estancia en Arabia Saudí
-          Tiene gracia. Sería como la Ley Seca, de nuevo. En Arabia Saudí estaba prohibido el alcohol. Debió de fabricarla escondido en su casa…
-          Y poco más, señor. Al anochecer el bar se me llena de oficinistas que han acabado su jornada.
-          Ya veo, lo que antes eran actores y compositores, ahora son oficinistas. Bueno, c’est la vie. Pues me voy, antes de que lleguen los oficinistas y me reconozcan

Justo en ese instante, mientras el señor terminaba de hablar, entró en el local un parroquiano llamado Banjo Sam y se sentó en la barra, junto a nuestro hombre. Al ver su cara, los ojos de Banjo se abrieron como platos y su boca, como un buzón de correos. El hombre pagó a Joe su Alexander’s y abandonó rápidamente el local, antes de que fuera demasiado tarde y aquel cliente recién llegado descifrara su nombre. Tartamudeando, Banjo se dirigió al camarero:
-          Joe, tío, ¿desde cuándo viene Lucifer a este bar?
-          Bah, no digas tonterías, hombre. No era el diablo.
-          Pero olía a azufre y esa mirada…
-          ¡Cállate! Y te voy a pedir un favor, no cuentes a nadie esto que te voy a revelar. Mira, desde hace algún tiempo, Frank Sinatra abandona el infierno para tomarse unos tragos aquí. ¿Lo comprendes ahora? Anda, echa unas monedas en la jukebox, pon algo tranquilo y triste. Y bebe.

Las primeras notas de One for my baby, cantada por Sinatra, invadieron el local. El hombre regresó al infierno.

THE END


Esta alegoría-relato sobre el PJ Clarke's está basada en la historia de uno de los locales más representativos en la vida nocturna de Nueva York.


domingo, 12 de junio de 2011

Frank Sinatra (Come rain or come shine. 1981)

Billy May, Frank Sinatra, Don Costa (arreglista de Come rain or come shine) y Gordon Jenkins (1979)


Harold Arlen, con letra de Johnny Mercer, compuso en 1946 el tema Come rain or come shine para el musical St. Louis woman. Las primeras versiones más aclamadas fueron las de Dinah Shore o, posteriormente, la de Sarah Vaughan. Ray Charles reinventó la canción de Arlen en 1959, impregnándola de todo el blues y el soul que Charles acostumbraba. La versión de Sinatra en 1961, con la orquesta de Don Costa, es insuperable. En el video que precede a la traducción, Sinatra la interpreta desde Buenos Aires, en 1981.



Come rain or come shine (Traducción)

"Yo voy a amarte como nadie te ha amado
llueva o brille el sol.
Tan alto como una montaña, tan profundo como un río
llueva o brille el sol.

Supongo que cuando te conocí
simplemente fue una de esas cosas
Pero no me apuestes nunca
porque te seré fiel, si me dejas.

Tú vas a amarme como nadie me ha amado
llueva o brille el sol
Seremos felices juntos, infelices juntos
y ¿acaso no será eso perfecto?

Puede que haya días nublados o soleados
Puede que tengamos o no tengamos dinero
Pero yo siempre estaré contigo
Estaré contigo llueva o brille el sol

Puede que haya días nublados o soleados
Puede que tengamos o no tengamos dinero
Pero yo siempre estaré contigo
Estaré contigo llueva o brille el sol
Llueva o brille el sol
Llueva o brille el sol"

lunes, 3 de enero de 2011

Frank Sinatra 2011

No sé si es a mí, por mi afición incondicional a Sinatra, al que le pasan las cosas más insólitas de este mundo pero, después de las campandas de Nochevieja, las primeras horas del año nuevo 2011 transcurrieron para mí en un Pub irlandés de zaragoza llamado "The Penguin Row" y allí sucedió un hecho realmente gratificante. Fui allí simplemente porque era el único lugar donde la gente que estaba dentro te dejaba entrar ya que el resto de garitos estaban abarrotados. Pues bien, una vez dentro, yo con mi martini blanco y ella con su cerveza, estuvimos escuchando rock and roll de Fito y fitipaldis, los Ramones y ACDC cuando, en un instante, los inesperados y gratificantes acordes de "New York, New York" daban paso a la atemporal voz de Frank Sinatra. En ese momento comprendí que Sinatra nunca pasará de moda pues, si puede sonar en un garito de moda en pleno año 2011, junto a la música más puntera del momento es que Frank siempre será eterno. Canté enterita la canción y por supuesto brindé por Frank como ahora quiero hacer con todos vosotros. ¡Que tengais un feliz año nuevo 2011 con swing y muy sinatrista!. Yo prefiero comenzar el año como lo acabé, con "I thought about you" grabada en 1956 junto a la orquesta de Nelson Riddle para el álbum "Songs for swingin' lovers". En esta versión se puede apreciar cómo la voz de Sinatra juega con el ritmo y la melodía, buceando entre los golpes de intensidad que él mismlo va marcándole a la canción. Destacable también la impresionante orquesta de Riddle con ese notable crescendo a partir de la mitad de la canción y un final magnífico. "I thought about you" es una composición de Johnny Mercer y Jimmy Van Heusen que popularizó anteriormente Billie Holiday.


"I thought about you" (Traducción)

Emprendí un viaje en tren
y pensé en ti
Pasé por una frontera sombría
y pensé en ti
Dos o tres coches aparcados bajo las estrellas
y el viento en el río
La luna brillando sobre un pequeño pueblo
y con cada rayo el mismo viejo sueño

Y cada parada que hacíamos
Oh, yo pensaba en ti
y cuando salí de las sombras,
entonces, realmente me sentí triste

Me asomé a la ruptura final
y miré a las vías
Oh, ya estoy volviendo a ti
¿Y qué es lo que hice?. Pensé en ti.

Había dos o tres cohces aparcados bajo las estrellas
y viento sobre el río
La luna brillando sobre un pequeño pueblo
Y en cada rayo, el mismo viejo sueño

Y después yo imaginé la ruptura
miré a las vías
Oh, ya estoy volviendo a tu lado
¿Y qué es lo que hice?
Yo pensaba en ti."

miércoles, 27 de octubre de 2010

Come rain or come shine (Frank Sinatra 1953)

Difícilmente podríamos encontrar (si no imposible) una voz más espléndida y perfecta que la que Frank Sinatra ofrecía en el año 1953. Renacido después de la época autodestructiva y oscura a la que le llevó Ava Gardner y también algunos problemas vocales Frank Sinatra salía así ante el público de la Colgate Comedy Hour, una exitosa emisión televisiva que capturaba los mejores índices de audiencia. Sin más preámbulos el joven Frank comienza aquí atacando el clásico de Harold Arlen y Johnny Mercer "Come rain or come shine", canción que interpretarían con maestría Lena Horne, Ray Charles o Billie Holiday y que Sinatra inmortalizó el 22 de noviembre de 1961 (ocho años después de esta actuación)para su álbum "Sinatra and strings" con el magistral arreglo de Don Costa, ofreciendo así la mejor versión que se ha escuchado de este standar. Pero volviendo a esta versión de 1953 (sustancialmente diferente a la de 1961), no contento con ofrecer esta joya, Sinatra sigue con "I've got the world on a string" para terminar con otro clásico que por aquella época ya le había catapultado hacia la fama, otra composición de la dupla Arlen-Mercer "Old black magic".






Las fotografías del final pertenecen a una sesión fotográfica del 22 de julio de 1953

domingo, 3 de enero de 2010

Songs for swingin' lovers (La explosión del Swingatra. 1956)


Frank Sinatra a la edad de cuarenta años volvió al estudio de grabación de Capitol Records para unirse una vez más con la orquesta conducida por Nelson Riddle. El resultado fue "Songs for swingin' lovers", aclamada por muchos como la mejor obra del repertorio de Sinatra. El LP de 1956 contenía la que tembién es considera la mejor grabación de Sinatra, el original "I've got you under my skin" si bien en el "Sinatra's Sinatra" de 1963, en mi opinión mucho más potente, ofreció una versión mejorada con los mismos músicos y el mismo arreglo. Para grabar la "I've got you under my skin" de 1956 se necesitaron veintidós tomas hasta dar con la apropiada. Esto era debido a la novedosa sección rítmica que por primera vez era conseguida por una gran banda de estudio. Además esta canción se incluyó para el álbum en el último instante así que Nelson Riddle tuvo que arreglar la orquesta en el asiento trasero de un coche mientras su esposa conducía. Cuando la orquesta tocó la primera toma entera todos los músicos se pusieron en pie para alabar el trabajo de Riddle. Pero "I've got you under my skin" no es la única joya de este disco. "You make me feel so young", "Pennies from heaven" y "Too marvelous for words" también estaban entre las quince canciones que completaban el album. En 1956 Sinatra grabó 36 canciones entre este album, la banda sonora de "High Society" (junto a Louis Armstrong y Bing Crosby) y el album para Capitol Records "Close to you". Evidentemente musical y cinematográficamente fue uno de los mejores años en la carrera de Frank Sinatra.
En este disco, "Songs for swingin' lovers", las sesiones de grabación fueron del nueve al dieciséis de enero de 1956. El nueve de enero se grabaron: "You make me feel so young", "You brought a new kind of love to me", y "I thought about you". El diez de enero hicieron la maravillosa "Pennies from heaven", "You're getting to be a habit with me" y "How about you?". El doce de enero les tocó el turno a "It happened in Monterey", "Swingin' down the lane" y "I've got you under my skin". Por último el dieciséis de enero de 1956 se terminó por incluir las últimas canciones que fueron "Anything goes", "Old devil moon", "We'll be together again", "Makin' whoopee" y la GRANDIOSA "Too marvelous for words" de Johnny Mercer. se incluyó una grabación del diecisiete de octubre de 1955, el "Love is here to stay".

Como "I've got you under my skin" y "You make me feel so young" ya las hemos visto en entradas anteriores veremos ahora la canción "Too marvelous for words" en grabación de 1956 extraída de un show con Judy Garland y Dean Martin. Frank Sinatra canta "Too marvelous for words":
(En caso de que supriman este video, algo muy probable, pueden encontrarlo en youtube poniendo en el buscador el título de la canción)

12 enero 1956 I've got you under my skin



Portada de un single de la época que incluía "You make me feel so young"
: