Esta semana, más concretamente el pasado doce de diciembre, Frank Sinatra hubiera cumplido 96 años. También hace un par de domingos, aparecía este blog en El Periódico de Aragón, en un artículo del periodista Fran Osambela Navarro, que podéis leer aquí . Para celebrar tanto acontecimiento quiero mostrar un divertido video en el que Frank Sinatra intenta cantar I could write a book a Kim Novak, pero Kim se lo pone realmente difícil:
Esto intentaba cantar:
Y ahora un número inolvidable: Frank Sinatra canta I'll be seeing you, compuesta por Sammy Fain e Irving Kahal. La canción pertenece al concierto de Sidney en 1961:
Kim Novak y Frank Sinatra. En la parte posterior podemos observar a Bogart y Bacall.
El escritor Juan Herrezuelo, autor de Pasadizos, El veneno de la fatiga o Desde el lugar donde me oculto me ha enviado, a petición mía, un texto titulado Un tipo de cuidado. Esta entrada está encabezada por una muy acertada caricatura que Juan realizó sobre Frank Sinatra
UN TIPO DE CUIDADO
Acodado en la barra de un bar elegante, Dave Hirsh, el personaje que Frank Sinatra interpreta en la película Como un torrente, de 1958, intenta explicar por qué ha abandonado la literatura: “Un poco de talento en un escritor es como un poco de talento en un cirujano del cerebro”. La refinada intelectual que está su lado le recuerda que hay dos libros suyos en la biblioteca de la ciudad, y Dave responde que le reportaron exactamente cuarenta y ocho dólares. “Supongo que también alguna satisfacción”, dice ella. “Sí”, responde él, “por valor de cuarenta y ocho dólares”.
Duros pero sentimentales, aficionados ambos al juego, la bebida y las mujeres, Hirsh y Sinatra difieren sin embargo en algo esencial: Sinatra nunca dudó de su talento. Hubo una época oscura, es cierto, a comienzos de los cincuenta, cuando después de una década gloriosa todo parecía indicar que su estrella como cantante y actor estaba condenada a apagarse, pero fue precisamente la seguridad en sí mismo, su correosa tenacidad (y la proverbial intervención de Ava Gardner entre bastidores, claro está) lo que hizo posible una de las resurrecciones artísticas más legendarias del mundo del espectáculo. Su premiada interpretación del soldado Angelo Maggio en De aquí a la eternidad (1953), papel por el que peleó duramente sabiéndose en el filo del olvido, supuso un nuevo y definitivo impulso a su carrera. El resto ya forma parte de la Historia.
El secreto de la permanente admiración que despierta Sinatra, hoy como ayer, radica tanto en sus privilegiadas dotes vocales como en un magnetismo que resulta del todo inaccesible para quien ha tenido la tentación de imitar su estilo. Cuando canta, Sinatra dialoga, se sincera, seduce, pero al mismo tiempo te deja intuir que en todo ello hay una irresistible mezcla de franqueza y bribonería: tres ejemplos de su intensa capacidad de seducción: el You’re Awful con que obsequia de manera deliciosamente equívoca a Betty Garrett en lo alto del Empire State (Un día en Nueva York, 1949); ese You’re Sensational dirigido a una aturdida Grace Kelly que, a punto de convertirse en princesa de Mónaco, desliza sus dedos por el borde de la copa de champán con distraída sensualidad (Alta sociedad, 1956); y mi número favorito, una provocadora osadía al más puro estilo Sinatra para hacerle saber a Rita Hayworth, con el local ya cerrado, que The Lady is a Tramp, (Pal Joey, 1957).
Sus facultades naturales como actor, sin duda alguna las más notables que haya poseído cantante alguno, determinan que cuando en su caso hablamos de “interpretar” unas canciones lo hagamos en el más amplio y persuasivo sentido del término: nos muestra, sin aparente esfuerzo, desde la candidez del joven romántico al implacable atrevimiento del conquistador y el granuja, de la melancolía que nace en el desengaño y la derrota al cinismo de quien está de vuelta de todo. Éste es, posiblemente, el secreto de su universalidad más allá del hecho de que se trate de una música esencialmente norteamericana y de unas historias cantadas en un idioma que no conocemos: el instrumento lleno de matices que es su voz y la expresividad con que lo hace sonar propician idéntica complicidad en cualquier cultura. “Era el Mozart de la música popular”, dijo Pavarotti a su muerte. Es decir: no se puede ni se podrá alcanzar mayor altura en su estilo.
Recolocándose decididamente el gorrito de marinero sobre la frente mientras espera que la chica abra la puerta; ensayando con aceitunas una jugada de dados en la barra de un bar de Honolulu, borracho y sin que parezca importarle haber abandonado la guardia en el cuartel; tiritando horriblemente en lo más duro de un mono de heroína; organizando timbas clandestinas en los salones del Ejército de Salvación; esperando, con un rifle de mira telescópica montado en la ventana, la llegada del Presidente a la estación de un pequeño pueblo; caminando resignadamente por una calle de Las Vegas, acompañado de todo el clan, tras haber asistido a la incineración del botín obtenido en un golpe perfecto; intentando torpemente encender un cigarrillo en un vagón de tren mientras, con el rostro empapado de un sudor frío, intenta comprender qué significa esa sospecha de que algo ocurrió en Corea cuando él y sus hombres fueron hechos prisioneros, algo terrible que sin embargo no alcanza a recordar... Sinatra es creíble en todos sus papeles sin necesidad de convertirse en el personaje ni metabolizar sus más profundas (y ficticias) motivaciones. No. Sinatra acoge al personaje en su pellejo e intuitivamente le hace moverse en la historia.
¿Un vividor? Seguro que sí, y una parte de su atractivo se debe a ello (“Sólo se vive una vez, y del modo en que yo vivo, una vez es suficiente”, dijo. ¿Quién podría suscribir una afirmación como ésta? ). Pero no cabe la menor duda de que era un profesional que se tomaba su carrera en serio: grabó entre mil doscientas y mil trescientas canciones, intervino en casi cincuenta películas y dio un número presumiblemente muy elevado de conciertos. ¿Se divirtió haciéndolo? Apuesto a que la mayor parte de las veces, pero eso no significa que no se tratase de trabajo. Y por si alguien pensaba que la suya era una vida en la que cualquiera podía hurgar a su antojo, en su casa de Palm Springs colocó un letrero que decía lo siguiente: “No hagan caso del perro. Cuidado con el amo”. Yo no me hubiera tomado a la ligera la advertencia.
Frank Sinatra grabó el clásico de Rodgers and Hart el cinco de noviembre de 1953 para su espléndido primer álbum con Capitol Records titulado Songs for young lovers. Volvería a grabarla posteriormente para la banda sonora de "Pal Joey" pero prefiero la versión de 1953. Resulta muy apropiado en un día como hoy:
La música de Rodgers and Hart parecía acomodarse perfectamente al estilo de Frank Sinatra, de ahí que las interpretaciones que sacaba de sus temas fueran únicas e insuperables. tenemos varios ejemplos, aunque el más conocido sea "The lady is a tramp" Sinatra cantó muchas más de estos compositores. El bloguero ANRO dedica esta entrada a Richard Rodgers y Lorentz Hart con buena música de Sinatra y de Judy Garland. yo, en recuerdo de los músicos Rodgers and Hart publico estas tres canciones de Frank Sinatra que corresponden a su obra. La última, aunque no es la mejor, es una curiosa versión de "The lady is a tramp". Las dos primeras pertenecen a la película "Pal Joey".
There's a small hotel
En 1957 Frank Sinatra grabó y publicó tres LPs con la compañía Capitol Records: "Close to you", "Where are you?" y "A swingin' affair". A estos LPs se sumó la excepcional banda sonora de "Pal Joey" que incluía el famoso "The lady is a tramp", la escena más recordada del film. 1957 en efecto fue un año muy movido para la carrera de Sinatra. No paraba de rodar películas ni de grabar canciones excepcionales. Así que a Frank poco le costó afrontar el rodaje de un nuevo musical junto a Rita Hayworth y Kim Novak bajo la dirección de George Sidney. Sinatra protagoniza el papel de Joey Evans (el "amigo Joey", según el título), un cantante de club nocturno caradura y mujeriego que le vino como anillo al dedo. El papel de Joey Evans fue interpretado en Broadway por Gene Kelly y, según Frank, era el papel con el que siempre había soñado después de haber dado vida al soldado Maggio en "De aquí a la eternidad". Realmente parecía un papel hecho para Sinatra. En la película vemos a Joey comportándose alternativamente como un canalla o un caballero mientras dos hermosas mujeres totalmente distintas entre sí (Rita Hayworth y Kim Novak) se disputan sus favores. Joey trabaja como cantante de un club de San Francisco en el que todas las coristas suspiran por él hasta que topa con la dueña del club (Rita Hayworth). Esta viuda adinerada tiene como propósito cerrar el club y Joey la tiene que convencer para que no lo haga. Joey no sólo la convence para que no cierre el establecimiento sino que, con su actuación de "The lady is a tramp" ("La señora es una golfa"), se la liga y termina la noche en su lujoso apartamento. Así, mientras Joey tontea con la viuda alegre y ricachona la pobre corista (Kim Novak) sigue suspirando por él. La actuación de Sinatra resulta muy natural porque su vida tampoco era tan diferente. En el momento que rodaba "Pal Joey" ya había tenido un pequeño "affair" con Kim Novak y lo siguió teniendo intermitentemente durante años posteriores así que el papel tampoco se aleja tanto de la realidad. Además Joey Evans es uno de esos personajes que por su caradura y chulería llegan siempre a caerle bien al espectador sin reparar en lo canallesco de su comportamiento.
Una de las anécdotas más reconocidas del rodaje sucedió entre Frank Sinatra y Harry Cohn en lo referenta a la situación de los nombres en el cartel. Harry no quería ningún problema con Frank Sinatra que, por aquél entonces, era una gran estrella pero lo cierto es que Rita Hayworth debía ir encabezando el reparto por ser una actriz ya muy consolidada. Frank Sinatra que advirtió el problema antes de que Harry se lo comentara dijo: "Mira, Harry, sitúame en el cartel entre Rita Hayworth y Kim Novak. No me disgusta en absoluto formar la parte central de tan jugodso sandwich". Pero lo que más se puede destacar de este musical es efectivamente la música de Rodgers y Hart que contiene canciones inolvidables como la citada "The lady is a tramp" o "I could write a book", "My funny Valentine", "I didn't know what tiem it was" y "There's a small hotel". Frank Sinatra interpretó cada canción como si se tratara de una de sus actuaciones en los clubs nocturnos que tantas veces había ofrecido. El resultado no pudo ser mejor. una película simpática y muy agradable para volver a disfrutar de la buena música. Ahora las escenas de las actuaciones de Frank Sinatra:
La primera versión de "The Lady is a tramp" ("La señora es una golfa") es de la película "Pal joey" grabada en 1957. Después tenemos la versión de "A man and is music" (un show para la televisión) de 1965, en la que ya se puede apreciar la variación en el ritmo y la manera tan prodigiosa en que Frank maneja la improvisación de la letra. Dos años más tarde, en 1967, Frank Sinatra se unió a otra voz prodigiosa y canto a dúo con Ella Fitzgerald una nueva versión de "The lady is a tramp". En el último video podemos ver al Sinatra más mayor en directo desde Tokio en 1985. El arreglo de la orquesta es totalmente nuevo.