En 1956 muere Tommy Dorsey sedado, mientras dormía, tras una copiosa
comida. Tan solo unos meses antes había actuado junto a Frank Sinatra en el
Paramount Theatre de Nueva York, un rencuentro legendario cuya grabación se publicó recientemente en una caja especial que se comercializó bajo el título de "New York, Sinatra", una recopilación de directos que Frank Sinatra había ofrecido en la ciudad que nunca duerme. Durante el concierto del Paramount theatre quedó patente que, a pesar de las notables desavenenecias
que había acontecido entre los dos músicos, vencía la música y el peso profesional de ambos.
Para Frank Sinatra tenía mucha más relevancia el legado que dejaba Dorsey, por encima de su experiencia en la relación personal y laboral con el
trombonista. Por todo ello, en 1961, grabó el homenaje "I remeber
Tommy". En total, en 1961, Frank registró 24 canciones para
Reprise en los álbumes "Sinatra swings", "Sinatra &
strings" y el citado "I remember Tommy". Según el
biógrafo Randy J. Taraborreli, en este disco homenaje a Dorsey,
resultan especialmente emotivas las grabaciones de "I'm getting
sentimental over you", "Imagination" y "I'll be
seeing you".
Fotografía de Frank Sinatra y Tommy Dorsey poco antes de la muerte del trombonista
Desde que Frank Sinatra crea su propio sello discográfico para huir
de los corsés que imponía la gran discográfica Capitol y para
controlar cada detalle que sucedía en la producción de sus discos,
la idea de rendir homenaje a Tommy Dorsey le obsesionaba. Ya en 1957,
el grupo vocal The Pied Pipers grabó "A tribute to Dorsey" lo
que inspiró esta idea a Sinatra. En un primer momento, el cantante
pensaba en una obra grandilocuente sostenida, principalmente, por una
gran orquesta de cuerda. Pero pronto cambiaría de opinión. Huyendo
de los músicos y arreglistas que le habían acompañado en Capitol y
regresando a la época más álgida de la big band de Tommy Dorsey,
Sinatra recurrió al músico Sy Oliver para los arreglos del disco. Sy Oliver ya había realizado arreglos para la orquesta de Tommy Dorsey mientras Frank SInatra era su vocalista. Así se fraguó "I remember Tommy" grabado entre el 1 y el
3 de mayo de 1961. Al disco de Sinatra sucedió en 1962 "We
remeber Tommy too" de The Modernaires y en 1963 otro disco
dedicado a Dorsey de la cantante Jo Stafford.
Sinatra en el centro, acompañado por The Pied Pipers, en una actuación con la orquesta de Dorsey
Frank Sinatra, como el vocalista de la orquesta de Dorsey, alcanzó una fama que superó al de la propia big band.
Contar con el alumno de Tommy Dorsey, Sy Oliver, para este disco
homenaje resultó clave. Como hemos dicho, Oliver ya había sido arreglista de la big
band de Dorsey en la década de los cuarenta, realizando la
orquestación para algunos grandes éxitos de la banda como "East
of the sun and west of the moon", "Without a song" y
"The one I love belongs to somebody else". Sinatra y Oliver
coincidieron en la big band de Tommy Dorsey así que este nuevo
trabajo no solo es un gran tributo a un mentor común sino también
un regreso a una época dorada de la que los dos músicos formaron
parte y aprendieron de la mano del trombonista. Sinatra siempre se
consideró deudor del estilo de Tommy Dorsey pues su técnica de
respiración a la hora de tocar el trombón influyó de manera
determinante en la técnica vocal del cantante, un control de esa respiración que lo harían famoso. Frank
Sinatra y Sy Oliver, además de otros músicos presentes en este
disco como Bunny Berigam, crean con "I remember Tommy" un
divertimento que se palpa en el ambiente de la grabación en el
estudio y queda plasmado en el producto final que fue el LP.
Una de las pocas fotografías que reúnen a Sy Oliver y Frank Sinatra (en pie)
Sinatra, Loewe (al piano) y Dorsey
En un nuevo capítulo de "Encuentros con Sinatra" junto a mi amigo Antón García Fernández desgranamos, canción a canción, este "I remember Tommy", un legendario LP de 1961. Podéis ver el vídeopodcast aquí y en el canal de Youtube de Antón G. -F.
Como broche final me gustaría rescatar el arreglo que Sy Oliver compuso para "The one I love (belongs to somebody else)" que acompañó a lo largo de toda su carrera a Frank Sinatra. En el disco, el cantante es acompañado a dúo por el propio Sy Oliver. En la década de los ochenta la cantaba así, en solitario:
Aunque nuestra tirada sea segura y el crupier honrado, nadie puede decir cuándo parará de girar la ruleta de nuestras vidas. Que todo se detenga y podamos asegurar que "lo mejor está por venir", sin duda, es un rasgo de fortaleza y credibilidad en uno mismo. Y a Sinatra no le faltó razón. Hace veintidós años que, un día como hoy, la última candileja del escenario, como una pavesa, fue agotando su luz, dejando de iluminar para siempre el rostro del artista que, por última vez, dejó de alumbrar el mundo con sus intensos ojos azules. Pero resucitó en su legado. En realidad, nunca se fue. Su legado crece, aumentando cada día, agrandando el mito a cada año que pasa. Sinatra sigue presente, influyendo directamente en diversos artistas del completo compendio del mundo de las artes . Sinatra es inagotable y aunque su música, su estilo, se clasifican específicamente en el siglo XX, su voz siempre moderna, lo han convertido en un cantante intemporal y eterno para la historia de la música.
Tan solo hace unos pocos días el cantante irlandés Bono celebrara su sexagésimo aniversario publicando una lista de canciones que "salvaron su vida". Entre ellas estaba "I've got you under my skin", de nuestro amigo. Pero ¿cuántas personas anónimas podrían hacer una lista de canciones de Sinatra que hayan salvado sus vidas?. ¿Cuántas personas han pasado mejor el confinamiento al que se ha visto obligado el mundo entero gracia a la voz de Frank Sinatra?. ¿Cuántas personas tienen un momento fundamental de sus vidas unido a la voz de Sinatra?. Somos innumerables los melómanos que nos vemos desbordados por la modernidad, intemporalidad y los incontables matices de su voz.
Sin duda, lo más interesante es que Frank Sinatra, su trabajo pero también el mito, su vida y milagros, continúan estando en el candelero de la más absoluta actualidad. Continúa siendo, probablemente, el cantante más influyente del siglo XX y su música, las reediciones de sus trabajos, continúan siendo números uno en las listas de los discos más vendidos. De hecho, en la pasada entrada, celebrábamos un nuevo lanzamiento que aparecerá en junio: el LP "Nice'n'easy".
El pintor argentino Marcelo Neira tiene, en su colección, un sinfín de pinturas dedicadas a Frank Sinatra.
Cuando, en la década de los cuarenta, los soldados norteamericanos se despedían de sus mujeres o novias, se puso muy de moda la canción británica titulada "We'll meet again" ("Nos volveremos a ver") que hizo famosa la cantante Vera Lynn en 1939 y que fue compuesta por Ross Parker y Hughie Charles. Del mismo modo, cuando falleció Sinatra, todos sus acólitos sabíamos que nos íbamos a volver a ver o a escuchar, a lo largo de nuestras vidas. Quizá, entonces, nuestra canción debería ser ""We'll be together again", and we'll be together forever.
Decíamos anteriormente que no solo se recuerda a Sinatra por su voz. Su mítica voz todavía da que hablar a medios de comunicación a lo largo y ancho del planeta. Este artículo de La Razón vuelve a recordar la turbulenta relación entre el cantante y Ava Gardner cuando, precisamente, estuvieron en España, más concretamente, en Tossa de Mar: https://www.larazon.es/cataluna/20200513/d4ifda3ogzesxa6gz4y2c2k3cy.html?fbclid=IwAR2aOstOwoUs2VE-HpPbnwVxWSlCs3slQOa857yzt22pDt-fDn2cjChmWEc . Yo lo recordaba en esta entrada. El artículo de La Razón se comentó en el grupo de Facebook que os presenté en la anterior entrada: Al mal tiempo, Frank Sinatra y uno de sus asiduos visitantes, Mac Hernández, dejaba algunas fotografías maravillosas donde podemos ver cómo todavía hoy se recuerda el paso de Sinatra y el de Ava Gardner por Tossa de Mar. Aquí están:
Frank Sinatra en Tossa de Mar
Mismo rincón que el anterior fotografiado por Mac Hernández
Preciosa estatua de Ava Gardner frente al mar. Fotografía de Mac Hernández
Fotografía de Mac Hernández
Ava Gardner en Tossa de Mar
Fotografía de Mac Hernández
Si las últimas palabras de Frank Sinatra aquel 14 de mayo de 1998 fueron "I'm losing" más representa su vida el epitafio que podemos leer en la lápida de su tumba: "The best is yet to come". Seguiremos contribuyendo desde este blog a mantener vivo su recuerdo.
Agradecimientos: Manuel Muñoz (Administrador del grupo en Facebook "Al mal tiempo, Frank Sinatra"), Mac Hernández y Marcelo Neira.
Buenas tardes desde casa. La cuarentena y el confinamiento es una época diferente gracias a la música y a la voz de Frank Sinatra. Numerosos hechos durante estos días han dejado claro que el r humano necesita la música para sobrevivir y para resistir. Si bien es cierto que la música actual, en cuanto a calidad, no goza de su mejor momento, cualquiera puede encontrar su camino y seleccionar aquel tipo de género que más le ayude en esta situación tan anómala. Porque resistir las malas noticias en tiempos de crisis es posible, ayudándonos de esas "medicinas naturales" con las que contamos. Y una de ellas, quizá la más firme y la más ancestral, es la música. Y yo como siempre acudo a Sinatra. Acudo a él a cualquier hora. Y también en estos tiempos de pandemia hay motivos que celebrar. El próximo 5 de junio aparece la reedición especial 60 aniversario del mítico LP "Nice'n'easy", trabajo que Sinatra dio a luz en 1960, un compendio de legendarias baladas, cantadas y tocadas como nunca. Para mí, "Nice'n'easy" es el disco de baladas más delicado y elgante de Capitol Records. Abandonando la soledad de "In the wee small hours", "Only the lonely" o "Where are you?", Frank regresa a las baladas de "Songs for young lovers" pero con una voz y un estilo más portentoso. Aquí queda subrayado el romanticismo en detrimento del abandono e incluso algunas baladas pueden ser tomadas como canciones de cuna. Otra vez, Nelson Riddle es el arreglista de esta obra maestra que a última hora incluyó la canción que da título al disco y a diferencia del resto, es un swing relajado. Fácil y sencilla, así es la canción que da título al disco y que sustituyó a "The nearness of you", balada que definitivamente no se incluyó en el LP comercializado en 1960.
En el LP 60 aniversario se incluye aquella versión desechada de la canción de Hoagy Carmichael "The nearness of you", así como una versión en estéreo remasterizada. Otros bonus tracks que aparecerán son versiones alternativas de "Nice and easy" y "I've got a crush on you". Esta última es la que vamos a escuchar a continuación:
Sobre esta versión, escribí ayer, en mi cuenta de Facebook, lo siguiente:
Belleza con la voz de Sinatra en estado puro. Así se puede describir la sensación al escuchar las versiones desechadas de "I've got a crush on you" que, con motivo del sesenta aniversario, s eincluirán en la versión especial del LP "Nice'n'easy", próximamente. En este vídeo tenemos la oportunidad de escuchar esas versiones. La primera, casi como una canción de cuna, es mucho más lenta que la versión definitiva que se publicó en el disco. Frank alarga las palabras hasta la saciedad, para llenarlas de todo su significado en el contexto de un tema que dibuja el último paisaje de la madrugada cuando, ella o él, apaga la bombilla que tamiza la suave melancolía de la soledad, desde una mesilla de noche demasiado correcta; y la orquesta se deleita en cada nota. Es de nuevo la última nota de la noche. Es de nuevo, the wee small hours of the morning. Pero suena mejor. Contundente. Soberbio Sinatra.
La segunda versión es más parecida a la definitiva. Más allegro en su ritmo pero con sensibles diferencias en la entonación de la voz y en su inflexión. Evoca el mismo paisaje que la anterior pero con mayor dosis de alcohol en el cuerpo y cantando desde un club, pequeño y vacío. Recién cerrado, bostezando al último cliente. Además, esta versión llega después de una serie de chistes y bromas que Sinatra va alternando entre músicos y el público asistente a la grabación. Un detalle que nos acerca aún más ala personalidad de Frank Sinatra. En suma, esta nueva edición del mítico "Nice'n'easy" que ya cumple sesenta años, es otro regalo de la factoría Sinatra. Belleza musical y arte vocal en tiempos de auto-tune, páramo y ruido.
Si sois usuarios de redes sociales, en Facebook (y en Instagram) aconsejo seguir el grupo "Al mal tiempo, Frank Sinatra" creado por mi amigo Manuel Muñoz, donde se repasan todas las curiosidades y novedades actualizadas sobre Frank Sinatra. Llegados a este punto, espero que todos estéis bien y llevéis este confinamiento de la mejor manera posible. Parece que el estado de alarma, en España, terminará el próximo 25 de mayo pero ahora empezamos a salir de nuevo a las calles. Hay que recordar que, igual que es necesario salir a la calle, más aún lo es, salir de manera responsable y civilizada, manteniendo las distancias correctas y las medidas de higiene necesarias. Una nueva recaída sería letal. Así que este desescalada deber ser calmada. Bien podríamos seguir el consejo de Sinatra y hacerlo fácil y sencillo. Con calma. Vamos, "Nice'n'easy" y así poder de nuevo habitar los cafés, los bares y volver a socializar de una manera más parecida a la del pasado.
Hoy en día muchos son los que dudan que el 21 de julio de 1969 Neil Armstrong comenzara a caminar sobre la superficie de la luna. Probablemente para todos estos incrédulos decir que Buzz Aldrin, el astronauta que caminaba detrás de Armstrong, hizo sonar durante la misión "Fly me to the moon" de Frank Sinatra representa poco menos que una película de ciencia ficción. Esto convertiría a Frank Sinatra y a la orquesta de Count Basie en la primera música y a día de hoy la única que se ha escuchado en la superficie lunar. Aldrin solía contar cómo alegró al cantante esta noticia. Ser la única voz que ha cantado en la luna representaba para Frank Sinatra todo un orgullo colonial y patriótico. Sinatra ya era interestelar. De hecho, durante su carrera, muchos fueron sus 'tributos' a la luna. Cantó de manera especial "Blue moon", "Moon river" además de la que hoy nos ocupa y como un alarde de visionario, en 1966, publicó el LP "Moonlight Sinatra", un compendio de diez canciones lunares y nocturnas. A todo ello hay que sumar que dos de sus canciones más exitosas llevan el verbo "volar" en el título y el vuelo es, en fin,el leit motiv de ellas. Me refiero a "Come fly with me" y la mencionada "Fly me to the moon". A Sinatra le encantaba volar. Más aún desde que, mediada la década de los sesenta, pudo disponer al fin de su jet privado que pronto se convertiría en Aerolíneas Sinatra. A buen seguro, si se hubieran comercializado viajes a la luna en su época, el cantante hubiera sido uno de los primeros pasajeros. Y seguramente hubiera ofrecido un concierto en mitad de la superficie lunar: "The Moon Event".
Frank Sinatra en 1969
El caso es que Buzz Aldrin no tiene por qué mentir al respecto. Así que lo único que podemos hacer, desde el desatino del siglo XXI, es alabar su gusto musical al hacer que Frank Sinatra fuera el primer y único cantante que sonara en la luna. Y además con una canción tan adecuada. El pasado 16 de agosto se cumplieron 50 años desde que Frank Sinatra actuara en el Astrodome de Houston en un concierto homenaje a los astronautas del Apollo 11. En ese momento Sinatra tuvo la posibilidad de dedicar a Buzz Aldrin una emocionada interpretación de "Fly me to the moon". Aquella noche del 15 de agosto de 1969 Sinatra también interpretó "The lady is a tramp" y "God bless America". Gracias a la cadena ABC hoy podemos recuperar esa actuación y escuchar aquella versión de "Fly me to the moon" que Sinatra presenta como "Aldrin's song".
Lewis Allen debutó en 1943 al rodar una película de terror titulada "The Uninvited"("Los Intrusos", en España), protagonizada por Ray Milland (en el papel de Rick) y Gail Russell (como Stella), también en su debut cinematográfico. La película se estrenó en 1944. La banda sonora está compuesta por Victor Young y su melodía principal, desprovista de letra, destaca por un pasaje muy particular que se caracteriza por el romanticismo de una escena en la que el compositor Rick le dice a Stella que está interpretando una serenata para ella, una serenata a la luz de las estrellas. A partir de esa frase, en 1946, Ned Washington escribió la letra de lo que acabaría convirtiéndose en un clásico de jazz titulado precisamente "Stella by starlight" ("Estela a la luz de las estrellas") que interpretaría la orquesta de Harry James en 1947. Dos meses más tarde de esta versión principal, Frank Sinatra la grabó en solitario, con arreglo y orquesta de Axel Stordahl, para rubricar una de las versiones más nocturnas, románticas y ajustadas a la letra y al ambiente de la escena de la película que recordaba anteriormente. Entre las múltiples versiones que se grabaron de esta canción cabe destacar las instrumentales de Charlie Parker, Chet Baker, Stan Getz y Miles Davis así como la versión vocal que grabó Ella Fitzgerald ya en la década de los sesenta. Nunca ha sido para mí una de las canciones más escuchadas del repertorio que Frank Sinatra grabó en la década de los cuarenta si bien, actualmente, ha quedado de por vida ligada a mi, a merced de los días luminosos y los cielos estrellados de la montaña donde todavía no llega a cegar la contaminación lumínica de las ciudades. Dejo aquí la canción completa que Frank grabó en 1947 y la traducción de la letra.
"Stella by starlight" ("Estela a la luz de las estrellas")
La canción que canta el petirrojo a través de los años de interminables primaveras. El murmullo de un arroyo desde el recuerdo que reverbera en un rincón donde dos amantes se esconden. Un gran tema sinfónico es Estela a la luz de las estrellas. No es un sueño. Mi corazón y yo estamos de acuerdo: ella es todo en la Tierra para mí. Un gran tema sinfónico es Estela a la luz de las estrellas. No es un sueño. Mi corazón y yo estamos de acuerdo: ella es todo en la Tierra para mi.
Frank en 1947
Soñando con Nueva York
Mil novecientos cuarenta y siete es el año en que Frank Sinatra protagoniza la película "It happened in Brooklyn" ("Sucedió en Brooklyn") donde comparte pantalla y algún número musical con Jimmy Durante. Una de las escenas más recordadas de la película es cuando Frank, de regreso a casa y todavía vestido de soldado, cruza el puente de Brooklyn mientras canta, con Nueva York de fondo, la canción "The Brooklyn bridge". Para algunos, Nueva York continúa sigue siendo un sueño por inédito. En realidad, aquel Nueva York de los años cuarenta y en definitiva, de la primera mitad del siglo XX continuará ya, para siempre, siendo una quimera inatrapable. Sin embargo, como ocurre con Venecia o París, sus calles todavía estarán dispuestas para el paseante romántico, zahorí de memorias pasadas, ya subterráneas. Para continuar con la corriente onírica y no renunciar al sueño, otro de los números de aquella película de 1947 es "It's the same old dream" ("Es el mismo viejo sueño"), una bonita manera de terminar esta entrega de hoy:
El caminante de la madrugada comprende de qué está hecha la noche inédita, el insomne en la ciudad saborea el material que confecciona la esperanza rota. Un indefinido aroma a encierro desprende el álbum In the wee small hours, cierto hermetismo que contrasta con el carácter de ciudad abierta que devora, en las primeras horas inhóspitas de la madrugada, al solitario; hermetismo, sin embargo, que habla de la introspección que Frank Sinatra experimenta en cada una de las canciones que conforman este disco histórico del que tanto hemos hablado ya aquí. El vaho que rodea y amplifica la luz ahora tamizada de las farolas, postes que marcan las etapas, las caídas, los penosos hitos de una condenada historia; la humedad de una calle nocturna, quizá bajo la niebla y por último el incombustible y pequeño incendio, en el extremo del cigarrillo que es justo opuesto al rastro de su último beso. Fácilmente identificaremos la portada del álbum que Frank Sinatra grabó en 1955 con esa obra inmortal que trece años antes firmaba Edward Hopper bajo el título de Nighthawks, halcones nocturnos que bien pudiéramos traducir aquí como rara avis, raras aves nocturnas.
In the wee small hours (Frank Sinatra 1955)
Nighthawks (Edward Hopper 1942)
En las primera horas de la madrugada es un disco que marcó un antes y un después en la historia del álbum, del LP. Es considerado el primer disco conceptual de la historia y Nelson Riddle diseñó para él un propicio ambiente, a veces sórdido, a veces pulcro y elegante, pero siempre nocturno, íntimo y profundamente desesperado, de una pena honda e irreparable. El resto lo puso Sinatra y su voz. Su voz y sus vivencias pues no son pocos los que han visto en este álbum cómo el cantante proyectaba las derrotas sufridas, apenas unos pocos años antes, junto al amor de su vida, Ava Gardner. Fue en 1951 cuando Sinatra rompió a llorar mientras registraba para Columbia la canción Soy un tonto por quererte (I'm a fool to want you). Es durante la grabación de este álbum (1955) que el cantante vuelve a grabar esta canción en una versión mucho más contenida y adecuada para el escenario habitual del álbum pero no por ello menos sentida y desgarrada. Como podemos imaginar, influencias que parten de In the wee small hours y llegan hasta nuestros días para afectar a los principales artistas y cantantes, existes innumerables. Bruce Springsteen recuerda este álbum cuando graba 32 años después (1987) Tunnel of love. Springsteen, como es habitual en él, recuerda todo con un chiste. Rememora cómo escuchaba en los bares los discos más tristes de Sinatra porque su madre los hacía sonar. Y su madre iba de bar en bar buscando a su padre que, normalmente, se emborrachaba también escuchando a Sinatra. Entre aquellos discos estaba, como ningún otro, In the wee small hours. En Both sides álbum que Phil Collins graba en 1993, con una cita se recuerda la canción I get along without you very well de Hoagy Carmichael. A este clásico Collins dedica la canción del álbum titulada I've forgotten everything. Este tema, según el propio Phil Collins, intenta capturar todo el sonido de In the wee small hours, ya que a su parecer la mejor versión del clásico de Carmichael está precisamente en este álbum. Para terminar con este apartado de curiosidades y coincidencias, es necesario decir que In the wee small hours es el mejor disco de Frank Sinatra para un crítico tan purista como Tom Waits quien precisamente rinde homenaje al álbum (y a la portada) con su The Heart of Saturday Night.
The Heart of Saturday Night (Tom Waits 1974)
Por tanto, siempre Sinatra. La razón por la que recupero hoy de nuevo In the wee small hours es este estupendo vídeo que encuentro ahora en la red y que explica a la perfección la importancia de este álbum en la historia de la música:
Dean Martin, Sammy Davis Jr y Frank Sinatra en una de sus imágenes más icónicas
Cotidianamente contacto con diversas personas que, como yo, profesan una incondicional admiración por Frank Sinatra. Habitualmente, esta conexión termina en una amistad que, ya desde su punto de partida, es consolidada y perdura en el tiempo. Una rara especie de lealtad debe afectarnos a todos los sinatristas desperdigados alrededor del mundo pero, sin duda, esta actitud no es ajena a la propia actitud que nos contagia nuestro idolatrado Frank. Él también supo de amistades consolidadas. De hecho, la lealtad era uno de los aspectos que sus amistades más destacaban en su personalidad.
Tres décadas separan una y otra imagen pero persiste la risa, la conexión, la amistad.
Con emoción recibí hace ya un tiempo la carta de mi amigo Francisco Machuca que, desde Mataró, me hacía llegar unas fotografías del día en que nos conocimos personalmente con motivo de una presentación literaria en la ciudad de Zaragoza. Y remarco personalmente pues, efectivamente, ya nos habíamos encontrado y conocido bien en esa red que se tejió durante un buen tiempo y vino a llamarse blogosfera. Es decir, el espacio donde todos los bloggers intercambiábamos opiniones, comentarios y jugosas conversaciones. Parece que los blogs ya no están de moda y es que la palabra tampoco lo está. Creo firmemente que la Humanidad camina hacia un futuro en que la comunicación se realizará mediante emoticonos. Y entonces, aún habremos perdido más de lo que se ha perdido en la actualidad. Ya no será un lenguaje analógico. Literalmente, ya no habrá lenguaje. La obsesión por la prisa y la impaciencia ha sido el caldo de cultivo del tweet. La sensación de tener el mundo entero a un clic digital nos ha convertido en estúpidos poderosos. Pero, probablemente, estamos creando un mundo fugaz que se devorará a sí mismo de inmediato. En cualquier caso, retomando el encuentro con Machuca, que fue posible gracias a nuestro amigo común Alfredo Moreno (a quien, por cierto, a pesar de compartir ciudad, también conocí antes por blog que personalmente), quisiera destacar que la totalidad de nuestra conversación, aquel primer día, consistió en la música de Frank Sinatra. No su vida. No sus películas. Sus canciones. Especialmente, sus canciones más tristes y desesperadas. Mantuve con Machuca una de las conversaciones más mágicas y amenas que recuerdo. La total conexión fue inevitable y directa. Hoy, de ese encuentro, han pasado ocho años y medio. Cada vez que rencuentro a Machuca sus palabras son las mismas: "Cuánto tiempo. Pero, ¿sabes una cosa?. Sinatra, cada día canta mejor". Machuca y yo no solo mantenemos el contacto sino que siempre que coincidimos (y coincidimos, debido a las distancias territoriales, menos de lo que quisiéramos) repasamos con deleite la obra y milagros de Sinatra y la última canción de su discografía que hemos descubierto. Porque Sinatra (y el aficionado entenderá bien mis palabras) es un descubrimiento continuo e inagotable.
Dean Martin, SAmmy Davis Jr y Frank Sinatra.
En cualquier caso, el texto que me hizo llegar mi amigo bien merece ser compartido en el blog de Sinatra, así como las fotos donde aparecemos ochos años atrás. A continuación podemos disfrutar de este artículo escrito por Francisco Machuca.
-Tiene
que ser una maravillosa cena para dos. Quizá no probemos bocado,
pero ha de ser maravillosa.
-Entendido,
barón.
-Y,
camarero...
-
¿Sí, barón?
-
¿Ve esa luna?
-Perfectamente,
barón.
-Quiero
esa luna en las copas.
-Sí,
barón. (Apuntando.) La luna en las copas.
Un
ladrón en la alcoba, de
Ernst Lubitsch
Marcos
y yo compartimos aquellos días dorados de las big bands, los días
de formaciones de músicos perfectamente trajeados que se levantaban
de la silla y coreografiaban con elegancia el movimiento de sus
saxos, trompetas y clarinetes. Marcos sabe tan bien como yo que
nuestro amado Frank Sinatra se acercó una noche a la sala Roseland,
meca del bebop de los años cuarenta, situada en la calle 52 de Nueva
York. Sobre el escenario, el gran Tommy Dorsey, el sentimental
gentleman del swing, al frente de su banda. Nuestro querido Frankie
quedó fascinado con la técnica de Dorsey tocando el trombón.
Parecía que no paraba nunca a tomar aire, parecía capaz de estar 16
compases sin respirar: ¿cómo demonios lo hacía? Al trabajar años
después en la orquesta de Dorsey consiguió descubrir el truco. "Y
aprendí a tomar aire por la comisura de los labios. A veces en medio
de una palabra, entre las sílabas". Su
obsesión era que al cantar no se notara que estaba respirando.
Marcos
y yo compartimos un producto para fetichistas. Para sinatristas
fetichistas: Frank
Sinatra, el álbum,
libro que recoge fotos de la vida de La Voz, testimonios familiares,
facsímiles y un disco con entrevistas y rarezas varias. Intercaladas
entre las páginas del libro, 13 bolsitas de papel traslúcido. En
cada una de ellas, una colección facsímiles que dan testimonio de
los episodios de la vida de la gran voz de la música popular del
siglo XX: reproducciones de una carta escrita a Cary Grant que firma
como Francis Albert, que así firmaba cuando escribía a sus amigos.
Marcos firma con su nombre, lo sé porque el otro día recibí su
carta redactada con elegancia y poesía. Gracias Marcos. En la
entrevista con la WNEW, Sinatra desentraña algunas claves del
proceso de educación de su voz. La música clásica también le
inspiró para crear su inconfundible estilo. Se iba planteando retos.
La capacidad de violín de Heifetz, al que vio en el Carnegie Hall,
para ejecutar una nota desplazando el arco de arriba abajo sin
interrupción alguna le llevó a intentar hacer lo propio con su voz.
Las piscinas públicas de Nueva Jersey fueron el lugar al que acudía
a bucear para ampliar su capacidad pulmonar. Manda huevos, mi querido
Marcos. Menudo tío. Eran otros tiempos. El joven Sinatra escuchaba
atentamente los fraseos del saxo de Lester Young, la intensidad
emocional de Billie Holiday, las síncopas y el tempo de Bing Crosby.
Menuda gente. Marcos, mejor nos ponemos un sombrero ladeado y nos
vamos de copas. Extraños en la noche.
"Mi
padre no cantaba mucho en casa", cuenta
su hija Nancy. "No
le oía cantar en la ducha. (...) Silbaba a menudo, y de cuando en
cuando hacía `mi mi mi´ para comprobar el estado de su
garganta". Frankie
dijo una vez: "Me
gustaba grabar a altas horas de la noche. Cuando más tarde, mejor.
Mi voz no está hecha para usarse de día".
Ya
sabes, mi querido Marcos, que Sinatra era un tipo canalla y elegante,
como canallas y elegantes eran sus requerimientos a la hora de ocupar
la suite de un hotel. En uno de los facsímiles se reproducen las
exigencias del artista, remitidas por carta mecanografiada al
hotel Ballys de Las Vegas el 8 de febrero de 1988. En letras
mayúsculas, una exigencia:"Asegurarse
de que las cortinas no dejen que pase un rayo de luz cuando estén
cerradas". A
continuación, el listado de elementos imprescindibles para su
estancia: una nevera; papel higiénico de marca (color crema);
abundancia de paquetes kleenex, diseminados a lo largo y ancho de la
habitación; papeleras extra repartidas por la estancia; toallas de
la mejor calidad (tono crema); siete almohadas de pluma; bombillas de
100 vatios de potencia; cuatro humificadores... Para comer,
abundancia de frutas y crakers; salami de Génova, prosciutto y pan
italiano, y caramelos Life con sabor a cereza. En cuanto al bar, agua
de Evian, whiskys Jack Daniels y Cutty Sart, además de soda, vodkas,
ginebras y una botella de tequila Cuervo Gold.
Menudo
tipo, Marcos y, luego cantaba I've
got you under my Skin como
nadie. El monólogo inédito que pronunció Sinatra poco después de
cumplir los 50 sobre el escenario del hotel Sands de Las Vegas es una
de esas perlas del CD que acompaña el libro. En él despliega sus
dotes de cómico, las que cultivó durante los años de la radio, los
que elevó a la categoría de arte flanqueado por Sammy Davis Jr. y
el querido Dino (un guiño para Kine), sus colegas del célebre Rat
Pack. "Tuve
una infancia normal", cuenta
en tono de broma a los que esa noche asistían al show, "cuatro
agujeros en la cabeza y seis cicatrices en la cara; ya sabéis, la
típica adorable infancia en un barrio deprimido". Inflexiones
de tipo canalla, alusiones de las noches locas. Sinatra se
despide: "Señoras
y señores, me gustaría dejarles con una reflexión:las
personas que no beben me dan pena por eso; porque, cuando se levantan
por la mañana, el día que tienen por delante sólo puede ir a
peor".
Y
eso lo sabemos Marcos y yo. Beber un buen cocktail hacia
la medianoche nos susurra al oído cosas de un tiempo pasado que nos
descubre, a cada sorbo, que una gran parte de lo auténticamente
moderno siempre viene de atrás.
El contraste de estilos entre Bono, de U2 y Frank Sinatra, fue la imagen más representativa de aquello que fue "Duets", un producto comercial
25 Años de "Duets": una visión personal
Yo contaba doce años. Todavía jugaba al fútbol en el patio del colegio Calasancio, entre las calles Sevilla y Porvenir de Zaragoza. Entre clase y clase, entre cuadernos emborronados y libros mal cuidados, confieso que, de vez en cuándo y sin que se notara mucho, tarareaba alguna canción de Frank Sinatra que, más tarde, escucharía una y otra vez desde ese refugio en que se convirtió por algunos años mi habitación. Desde luego, ningún compañero de clase, ni siquiera de colegio, compartió nunca mis preferencias musicales aunque he de señalar que con las compañeras siempre fue cosa distinta. Parece ser que mis debilidades melómanas llamaban especialmente su atención pero no pasaba de eso, quizá ser considerado algo excéntrico por escuchar música de antaño. Cómo explicar en aquella época que por la belleza auténtica no pasa el tiempo. Cómo explicármelo yo mismo. La belleza ayuda a evitar la mediocridad. Y cuánta belleza hay en la música. Sea como fuere, recuerdo que las primeras clases de Inglés fueron recibidas por mi con una insólita alegría. Gracias a la especial dicción de Frank Sinatra, a partir de entonces, podía entender todas las canciones. De este modo, mi cantante favorito terminó por cautivarme para siempre. Y a fuerza de empeñarme en mis convicciones, pues no debe ser casualidad que naciera zaragozano, conseguí que, en octavo de EGB, toda la clase cantara "Jingle bells" en la versión de Frank Sinatra, para el festival de Navidad de aquel año. De hecho, recordaré para siempre el momento en que el tutor de mi clase, don Gabriel que además era mi profesor de Inglés, recibió una cinta de casette de mi parte donde yo había grabado mis canciones de Navidad favoritas. El cassette en cuestión comenzaba con "White Christmas" de Bing Crosby y continuaba con "Jingle bells" por Sinatra. Cuando el profesor escuchó aquella versión de "Jingle bells" ya no tuvo que escuchar más. Había elegido la canción que cantaría la clase en el festival. Y es que la Navidad y Frank Sinatra siempre han maridado a la perfección.
Pero dos años antes a aquel personal triunfo navideño, corría el año 1993 y yo contaba doce años, cursando en el mismo colegio Calasancio, sexto de EGB. Lo recuerdo como un año vagamente melancólico por algún suceso aislado y algún fogonazo de luz que pervive en mi mente. No obstante, mantengo vivo el cariño por las clases de Música de ese curso, gracias a una profesora que abrió la puerta a varios alumnos para interactuar con las canciones que escuchábamos. Sin ir más lejos, yo preparé aquel curso un trabajo sobre Glenn Miller que recibió un sobresaliente por parte de aquella profesora de la que he olvidado nombre e incluso rostro. Quizá, ni siquiera existió. Como fuere, aquel fue el año en que, tras largo periodo de silencio, Frank Sinatra volvía a los estudios para grabar un nuevo disco. Llegaba "Duets", un álbum en que la estrella italoamericana unía su voz a cantantes actuales para repasar sus más grandes éxitos. Frank abría así la veda a un tipo de discos que ahora ya se han convertido en costumbre cuando cierta clase de cantantes llegan al final de su carrera. Obligado por sus hijos, ávidos de que el cantante aún consiguiera mayor fortuna, animado quizá por una curiosidad inevitable e imparable de regresar a los escenarios, Frank volvía a Capitol Records, treinta años más tarde de que, en aquella misma casa, consiguiera sus mayores éxitos. Para esta entrega de "Duets" (hubo una secuela al año siguiente), entre productores y cantante, eligieron a los siguientes participantes: Luther Vandross, Aretha Franklin, Barbra Streisand, Julio Iglesias, Tony Bennett, Natalie Cole, Charles Aznavour, Carly Simon, Liza Minnelli, Anita Baker, Bono y Kenny G. Algunos echábamos de menos cantantes como Harry Connick Jr y nos preguntábamos qué pintaba ahí Bono, más aún, sufriendo su actuación en "I've got you under my skin". Sinatra quería contar con Ella Fitzgerald pero la enfermedad no permitió la colaboración de la cantante. Fue sustituida por Aretha Franklin. No podía ser sustituida por otra. El dueto con Aretha es de lo mejor del disco. En cualquier caso, aunque Duets fue un producto comercial alejado de la concepción que siempre había mantenido Sinatra acerca de todas las premisas que debía cumplir un trabajo discográfico (grabación en directo, desprovista de todas las mezclas posibles y a poder ser, dotado de un hilo conductor...), a este chaval de 12 años le hizo ilusión caminar hacia el colegio escuchando en el walkman el nuevo disco de Frank Sinatra que, por supuesto, ocupada el número uno de todas las listas radiofónicas del panorama nacional e internacional. Un lujo, escuchar la voz de Sinatra en los noventa, aunque ya no fuera la misma voz, aunque ya no fuera Sinatra.
Portada del vinilo
Aunque la familia Sinatra se ha preocupado de eliminar cualquier rastro de vídeo de carácter público en las redes sociales, he encontrado el videoclip que se grabóa para la colaboración entre el cantante y Kenny G con la canción One for my baby.
"Orange is the happiest color", de Alfonso Val Ortego, es un homenaje a la fascinación que Frank Sinatra sentía por el color naranja. Ya dedicamos un post a esta insólita manía. Recordemos que el pañuelo que llevaba Sinatra en sus conciertos no era rojo, como creíamos, sino naranja.
Recientemente la exposición colectiva en tributo a Frank Sinatra creada por el Ateneo Jaquésha visitado la Feria de Arte Contemporáneo ARTERIA en Monzón (Huesca) y la Casa de Cultura de Gallur (Zaragoza). La muestra cuenta con varios ambientes diferenciados y a través de ellos, paseamos por la vida de Sinatra, profundizando igualmente en su aspecto profesional como en el personal. Estos diversos espacios se cierran con "La ciudad como ecosistema" donde se destaca el sabor urbano de las canciones más introspectivas, los blues más desesperados, grabados por Frank Sinatra a lo largo de su carrera. Los autores dedican una o varias obras a una canción determinada. Encabezamos esta entrada con un abstracto de Alfonso Val Ortego dedicado al color naranja, el preferido de Sinatra y lo completamos con la canción "Orange" compuesta por Nelson Riddle para el álbum "Frank Sinatra conducts tone poems of color", dirigido como reza el título por el mismo Sinatra. Una a una irán apareciendo este blog algunas de estas obras que los artistas dedican especialmente a una canción o a un disco. Hoy inauguro este repaso con un abstracto en técnica mixta realizado por Miguel Ángel Yus y titulado "Let me try again". Tras la interpretación pictórica vemos la canción, compuesta originalmente en 1973 por Michel Jourdan y Caravelli bajo el título "Laisse-moi le temps" y convertida al Inglés, ese mismo año, por Sammy Cahn y Paul Anka para que Frank Sinatra la incluyera en su álbum de regreso, "Ol' blue eyes is back".
No exagero un ápice si digo que este es mi disco de swing predilecto en la completa discografía de Frank Sinatra. Se muestra en él el Sinatra más inhibido, más liberado, más salvaje y más jazzístico hasta el punto de que, "Sinatra-Basie: an Historic Musical First" representa un antes y un después en la historia del jazz vocal y un punto y aparte en la carrera del propio cantante. La atómica banda de Basie junto a la pulcritud, elegancia, potencia y swing del mejor cantante de jazz de todos los tiempos, rubricaron el disco perfecto en 1962, contando con los brillantes arreglos de Neal Hefti que entendió a la perfección lo que en este encuentro se estaba fraguando y fue participe. A partir de este instante, Sinatra lo tuvo más que claro. Count Basie era el hombre, era la banda. A partir de 1962 Sinatra sería acompañado por la big band de Count Basie en sus mejores conciertos. A veces Count, se ausentaba y no podía acudir a estos conciertos pero entonces, al frente de su banda, era sustituido por Quincy Jones o por el pianista, Bill Miller. Pero está claro que en 1962 nació una de las colaboraciones más fructíferas y efectivas de la historia del jazz. Sinatra y Basie congeniaron de tal manera que dejarían para la historia grabaciones irrepetibles que nacieron ya siendo un clásico y que se encuentran en este insuperable álbum. Más tarde, volverían a grabar en estudio el LP "It might as well be swing" (1964) con arreglos de Quincy Jones, pero la frescura y pureza de la primera colaboración, se había ya perdido. Además, en esta segunda ocasión, Quincy Jones en sus arreglos, introdujo una importante sección de cuerda que acercan a este álbum al pop y lo distancian del jazz que vibraba en el primer encuentro. No obstante, en aquel segundo "It might as wel be swing" podemos encontrar nada menos que la legendaria grabación original de "Fly me to the moon" o "Hello, Dolly" y el escritor Randy Taraborrelli lo identifica como su disco preferido. Pero al que hoy dedico esta entrada, "Sinatra-Basie: An Historic Musical First", es puro estallido del swing y puro jazz. Tan solo viento y madera. Nada más es necesario para disfrutar del mejor Sinatra acompañado por el conde, el atómico Count Basie, agitando contundentemente a las masas. La frescura de este álbum se repite en el "Sinatra at the Sands" de 1966, LP grabado en directo y tercer y último trabajo fruto de la colaboración con Count Basie.
Sinatra y Baie en el estudio, grabando para "Sinatra-Basie: A Historic Musical First"
El segundo capítulo de "Encuentros con Sinatra", que grabo junto a Antón García Fernández, está precisamente dedicado al magnífico álbum,"Sinatra-Basie: An Historic Musical First". Aquí dejo el vídeo. Posteriormente, dispondré una breve guía de audición, aunque en el siguiente vídeo ya se comentan todos los aspectos del álbum:
Desgrano ahora, una a una, las canciones del disco:
Count Baie y Frank Sinatra brindan antes de un concierto en Las Vegas
1.- Pennies from heaven:
El clásico de Arthur Johnston y Jhonny Burke, actualizado y revisado por Neal Hefti con un arreglo que se convertirá en un clásico, es el mejor comienzo imaginable para el repertorio de este álbum. Desde este momento, Sinatra incorporará este arreglo para todos sus conciertos, cambiando sus intervenciones e improvisando en cada uno de ellos pues la libertad que el arreglo de Hefti deja al vocalista se presta a la práctica total del jazz. El arreglo comienza con el inconfundible toque de piano de Count Basie (aunque, curiosamente, interpretado aquí por Bill Miller) dando paso a la voz de Sinatra que ya desde el principio, en el tono desenfadado que adoptará para toda la sesión, ataca la primera frase "Ev'rytime it rains it rains, pennies from heaven". El arreglo es una constante evolución de menor a mayor, un contenido crescendo con constantes ornamentos orquestales. Uno de los momentos importantes es el que precede a la explosión de la orquesta y se trata del solo de saxofón que interpreta Frank Wess y al que suceden la cuerda de saxos y las trompetas replicándose los unos a los otros en lo que identificamos como una marca de la casa de la big band de Basie. En la segunda vuelta de la canción, cuando regresa Sinatra con el "ev'rytime it rains...", comienza la improvisación de la voz, los constantes juegos con la letra que, de alguna manera, conforman un nuevo Frank que hasta la fecha había estado cohibido o presa de un corsé del que se libera con la orquesta de Basie. Después de todo, Frank Sinatra, por primera vez, es dueño de su discográfica y lo controla todo en sus grabaciones, otro motivo para sentirse liberado de las imposiciones que anteriormente dictaba la discográfica Capitol. Es preciso entender todo esto para percibir a este Sinatra "en libertad". Llega el estallido de la canción, de nuevo, en su final. "So when you hear it thunder...don't run under the trees" canta Frank marcando en el "So!" el prefacio a un final que sorprenderá a todo aquel que lo escuche en 1962 pero que, de nuevo, se convertirá en un clásico. Sinatra rubrica "For you and me!" y la orquesta de Basie replica, primero con los vientos y al final con el piano, como si pronunciara "for you and, for you and, for you and...meeeeeeeeee". Es muy curioso que Sinatra entendió a la perfección este juego de la orquesta y ya en sus conciertos, será él mismo el que replique hasta el final reptiendo ese "for you and..." hasta el último "me". Brutal.
Neal Hefti y Frank Sinatra
2.- Please, be kind Sin duda, se trata de una de las canciones del disco que, además, Sinatra incorporaría a su habitual repertorio en directo a partir de esta fecha, siempre con el mismo arreglo de Neal Hefti. Si bien la letra puede despistar a cualquier oyente, ya que se hace difícil confiar en que Frank esté cantando aquello de "Esta es mi primera relación, por favor, sé amable", el tono desenfadado con que pronuncia cada palabra, de nuevo, convierte este tema en una pieza de jazz vocal insuperable. La banda de Basie presenta aquí toda su potencia, desde el comienzo, con ese viento repitiendo una constante réplica a la voz del cantante, como una antesala para la explosión de brillo y color que nos deparará el interludio y el final de "Please, be kind". Antón García Fernández, en el vídeo, ya hace referencia a la diferencia que existe entre el Sinatra que comienza a cantar la letra, al principio de la canción y el Sinatra que la vuelve a cantar, en la segunda vuelta. El que repite la letra es mucho más improvisador, atrevido y lúdico. Este efecto se comprueba especialmente en esta canción. Merece mención especial el cierre de Sinatra, alargando ese "kind" con un sostenido casi, casi eterno. Vemos esta canción en directo, con la orquesta de Basie en el Hollywood Palace en 1965
3.- The tender trap: Como sucede en la canción que abre el disco, Sinatra recupera con este tema un clásico que ya había grabado con Capitol Records y lo hace, de nuevo, para superarlo. No es que las grabaciones con Nelson Riddle sean peores pero este álbum respira magia por sus cuatro costados y esa magia del jazz lo convierten en una pieza especial que debiera estar en un museo, si existieran los museos para obras de arte musicales. Esta versión de "The tender trap" alberga un ritmo de swing relajado que es donde Sinatra se encuentra especialmente cómodo. La melodía comienza mecida en suave balanceo por los instrumentos de viento apaciguados con sordina, creando una cama sobre la que comienza a frasear la voz. La melodía trascurre sin sobresaltos hasta llegar la última frase de la primera estrofa: "You string along, boy, then snap!" Sinatra marca conscientemente como un golpe ese primer "snap!" tras el cual estalla la orquesta con los instrumentos de viento ejecutando también el mismo acento, sorprendiendo así al auditorio. A partir de ese momento la melodía se acelera levemente y camina hasta el segundo golpe que llega después de que Sinatra pronuncie, esta vez, la palabra "wop!" repitiendo el efecto de "snap!". Este efecto se repite una tercera vez, con la palabra "map!". Esta versión tiene un ritmo más lento que la anterior grabada con Capitol y creo que más adecuado. El tema evoluciona y camina hacia el final donde Sinatra, el improvisador, nos sorprende agregando un final que no estaba en la melodía original. Cuando parece que a canción ha terminado, el cantante pronuncia una frase que dice "And I'm trapped with you" ("Y yo estoy atrapado contigo")
Sinatra y Basie, aproximadamente, una década más tarde a la grabacion de este álbum
4.- Looking at the world throgh rose colored glasses. Esta canción es una auténtica diversión para todos: vocalista, músicos y auditorio. Probablemente, junto a la versión Reprise de "The most beautiful girl in the world", se trata de la canción más rápida y trepidante que grabó Frank Sinatra a lo largo de toda su discografía. Sobre una base de guitarra, flauta y contrabajo, la banda acomete un frenético y bestial ritmo donde un Sinatra divertido (probablemente el más lúdico de su carrera) se mueve como pez en el agua, con una voz de profunda inspiración negra. Cuando el cantante termina la primera parte y llega el interludio musical, de nuevo aparece Frank Wess con un solo enloquecido y vibrante de saxofón al que acompaña a toda máquina una banda de Basie perfectamente engrasada para estas velocidades y al que replican en constantes explosiones las trompetas. Y de nuevo aparece la voz de Frank"...Oh, yes I'm looking at the world through rose colored glasess..." y vemos claramente en su entonación el soul, la intención y la adaptación de su voz a la influencia de las voces negras que, sin duda, siempre tuvo muy presente. No solo Billie Holiday era su cantante preferida. Compartió innumerables duetos y una enorme amistad con la gran Ella Fitzgerald y por supuesto, con ese portento vocal llamado Sammy Davis Jr. Sinatra siempre reconoció esta influencia y es natural que, aquí, con la banda de Count Basie, aflore su versión vocal más cercana a la voz afroamericana. Hay que prestar mucha atención a la voz de Sinatra en esta segunda vuelta de la canción y sobretodo, destacar ese final, ejecutando una última nota muy alta, con una seguridad asombrosa, en el "ev'rything is rosy now"
5.- My kind of girl: Como pueden escuchar en el vídeo que hemos enlazado al comienzo de esta entrada, es muy curiosa la coincidencia que hemos tenido con esta canción Antón García Fernández y yo. Los dos reconocemos el mérito en la versión que de esta composición de Leslie Bricusse grabó el británico Matt Monro, un año antes. De hecho, Monro estrenó esta canción en 1961 obteniendo un gran éxito de ventas. Sin duda, Sinatra escuchó esta canción por voz del británico y quiso incorporarla al repertorio de canciones del álbum con Basie. El caso es que Matt Monro grabó en 1961 una versión swing de "My kind of girl" muy cercana al estilo Sinatra. De hecho, durante algún tiempo, fue conocido como el Frank Sinatra europeo. Confieso que al escuchar la versión de Sinatra en este álbum por primera vez en mi vida, sufrí una decepción pero, a medida que pasan los años, voy apreciándola y me va gustando más. Porque comprendo lo que intentó hacer Sinatra y comprendo el arreglo de Hefti. No se trataba de emular a Matt Monro. Es decir, Monro ya había grabado esta canción al estilo Sinatra, antes que el propio Sinatra. Para el álbum "Sinatra-Basie...", se trataba de cambiar el registro y hacer algo nuevo y valiente. Neal Hefti arriesgó con este arreglo y Sinatra aceptó el reto. La canción comienza con la soberbia voz del cantante con la única compañía de contrabajo, piano y batería. La importancia del baterista Sonny Payne es reseñable sobretodo en esta canción y su actuación, alternada con la voz de Sinatra, forma parte de los arriesgados ornamentos musicales que Hefti diseñó para esta pieza. Sinatra canta con un tono cercano a la socarronería y así toca también la orquesta. Parece que, de alguna manera, se ríen de una letra, por cierto, muy machista en ocasiones. Por ejemplo, en la frase "Ella cocina, como un ángel cocina". De nuevo contamos aquí con un solo de Frank Wess, esta vez, a la flauta travesera, algo no muy usual en el jazz; solo que es acompañado por unos divertidos trombones con sordina. Y también de nuevo, la orquesta trata de sorprender al auditorio con imprevisibles estallidos, marcando el acento en ciertas frases o momentos de la canción. Es el caso, por ejemplo del primer "Pretty little face" y las trompetas estallando sin previo aviso ni asomo de que aquello fuera a acontecer. La canción, que ha crecido y se ha expandido a medida que avanzaba, terminará de nuevo contraída y minimalista con un Sinatra acabando en una nota muy grave, otra vez, contrapunto de la versión original de Matt Monro.
6.- I only have eyes for you: Otra de las canciones del disco. Sin duda, una versión que nada tiene que ver con la que grabara años atrás con el sello Columbia en clave balada. En este álbum, esta versión es un swing relajado que camina mecido sobre una cama de viento con sordinas y donde un experimentado Sinatra frasea a la perfección la letra. Tras la primera parte de la canción, el intermedio musical comienza con el piano de Count Basie anticipando la explosión orquestal que interpreta la melodía principal de la canción con continuas preguntas y respuestas, todo un diálogo entre los diferentes instrumentos de viento. Es de nuevo en la segunda parte donde Sinatra se permite licencias de improvisación de manera desenfadada para llegar hasta un final que cuenta con un bis y que, de todo punto de vista, es histórico. Sinatra llega al final y canta "But they all disappear from view...and I only have eyes....for you". Esta primera vez, el auditorio puede escuchar a la perfección y aprecia como es debido la potencia vocal de Sinatra pues, en el estudio y al cantar esta frase, se aleja convenientemente del micrófono consiguiendo un efecto de eco, al resonar su voz, en la nota más alta, entre las paredes del estudio de grabación. Este efecto, que actualmente se consigue, la mayoría de las veces, por métodos tecnológicos, en Sinatra es natural. El cantante hace un bis y repite de nuevo la frase, esta vez, subiendo un poco más la nota. De nuevo estamos ante un clásico que, a partir de esta grabación, Sinatra incorporó a su repertorio en directo. Vemos una versión en directo aunque es preferible, en este caso, la del álbum:
7.- Nice work if you can get it: Con este clásico procedente de la factoría George y Ira Gershwin que Sinatra ya grabó deliciosamente en Capitol, en esta ocasión se vuelve a ofrecer un ritmo muy allegro, un swing muy rápido casi a la altura de la anterior "Looking at the world...". Sinatra ha cantado esta canción en cientos de ocasiones y esto se nota. Quiere aceptar de nuevo el reto jazzítico de Hefti y Basie, se divierte con ello y esto es lo que percibe también su auditorio. Aquí de nuevo encontramos al Sinatra como puro vocalista de jazz y particularmente en un momento de la canción, hacia el final. He comentado en numerosas ocasiones lo que hace aquí Frank porque me parece un alarde de improvisación. Se trata del fraseo llevado a su máxima expresión. Justo antes de la última estrofa de cierre, esto es lo que canta Sinatra: "It's nice work // ifyoucangetitandoyoucangetitifyoutry" y responde la orquesta pa-pa-ra-pa.ra-pa-ra, respondiendo efectivamente a Sinatra. Una delicia y un siwng tan contagioso que invita al baile aún sin saber bailar.
De nuevo en el camerino, antes de un concierto
8.- Learnin' the blues: Si la versión de Capitol ya era excelente, aquí verdaderamente encontramos a Sinatra cantando blues, desde sus profundidades. Comienza en un tono grave, un blues profundo en el que la voz es acompañada por el contrabajo y por el piano de Basie, inventando melodías, especialmente cuando Sinatra comienza a cantar la frase "the nights when you can't sleep..." como si el pianista quisiera dibujar el insomnio. Hay que prestar atención a los constantes cambios en la voz de Sinatra, la diversas maneras en las que pronuncia el estribillo "you're lear...ning the blues" de nuevo marcando una fuerte influencia de las voces negras. Sorprende muy gratamente el final donde el cantante ejecuta una de las notas más agudas del álbum con su último "blues".
Ella Fitzgerald, COunt Basie y Frank Sinatra décadas más tarde
9.- I'm gonna sit right down and write myself a letter: Esta canción es equiparable en el álbum a "Nice work if you can get it" pues, de nuevo, se recurre a un swing extremadamente rápido que otorga a Sinatra la libertad para ser francamente juguetón, tanto con la letra como con la melodía. Y es lo que hace. Vemos aquí a un Sinatra completamente liberado que invita al juego y al chasquido de dedos. Mente en blanco y solo ritmo. Y por supuesto, ya legendario, otro solo maravilloso de saxo ejecutado por Frank Wess.
Unos veinte años más tarde tenemos aquí una imagen de archivo de un concierto que ofrecieron Frank Sinatra y Sarah Vaughan con la orquesta de Count Bsie. Concierto todavía inédito.
10.- I won't dance: Como decimos en el vídeo Antón y yo, no hay mejor cierre para un álbum que invita constantemente al baile, que esta "No voy a bailar" ("I won't dance"), clásico de Jerome Kern que Sinatra ya había grabado, en brillante versión, para el álbum "A swingin' affair" de 1957, en mi opinión, el mejor álbum de swing de la época Capitol. En esta versión de "I won't dance" es el acompañamiento musical y el ritmo del arreglo de Hefti el que parece también bailar. Vuelve a aparecer el Sinatra más lúdico jugando descaradamente con una letra que conoce muy bien en palabras como "ab-so-lu-te-ly", fragmentando y recreándose en las consonantes. Mientras Frank canta obtiene la réplica del saxo de Wess como en una alternancia imparable. En el intermedio musical de nuevo el piano de Basie es el preludio al estallido de la orquesta en un crescendo que no parece conocer límite. Tras este interludio musical de nuevo llega Sinatra"Weeeelll... I love the way you do the Continental..." cantando de manera tan relajada que parece una melodía gamberra pero que, precisamente, es como debe sonar. En definitiva, todo es un preludio para un final soberbio con una nota aguda en el último "arms" y un final en el que Sinatra ejecuta un crescendo continuo al que ya nos tenía acostumbrados desde su grabación de "I've got the world on a string", de manera perfecta.
Si alguien decide comenzar a escuchar a Frank Sinatra es más conveniente que dedique tiempo a este "Sinatra-Basie: An Historic Musical First" que a sus clásicos más famosos y reconocidos. Es un álbum imprescindible en su discografía, tan imprescindible como "September of my years" en el plano de las baladas. En él encontramos al más puro Sinatra, el más jazzístico y a su swing más brillante. Que lo disfruten.